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La Poesía de Víctor Valera Mora: ¿Crónica de una edad o presencia de la Neovanguardia en Venezuela?

Por: Pedro José Pisanu Molero

En la literatura venezolana no puede hablarse de constantes, sino más bien de cambios y de situaciones extremas: letargos literarios opuestos a precursores aislados; así, mientras el romanticismo prolongaba su vida negándose a aceptar su debida muerte, surgía un aislado renovador y adelantado, Juan Antonio Pérez Bonalde. Mientras el vacuo y hasta "pop" criollismo carcomía la voluntad de estilo de muchos escritores venezolanos, en el silencio y la tiniebla surgían las voces de José Antonio Ramos Sucre y Julio Garmendia, entre otros, quienes habrían de permanecer en esa condición hasta comienzos de los años sesenta del pasado siglo XX.

Las corrientes literarias de vanguardia se presentaron cohesionadas y concretas en Venezuela, hacia el despertar de la década de 1960. Ante esto cabe hacerse la pregunta: ¿Ha irrumpido una vanguardia anacrónica y trasnochada en el país? ¿O acaso es la llegada de una neovanguardia literaria? Las respuestas, nunca objetivas pudieran ser varias; una de éstas, sería afirmar que ha ocurrido lo que plantea la primera interrogante. No obstante, no resultaría descabellado considerar la presencia de una neovanguardia literaria en Venezuela y afirmamos esto, porque el proceso de gestación o desarrollo de estas corrientes se da en un contexto completamente diferente al de la vanguardia europea de comienzos del siglo XX, por tal situación se podría hablar de un renacer de la vanguardia, con unas características y circunstancias muy diferentes, esto es a nuestro modo de ver la neovanguardia.

Los años sesenta del siglo XX son de revuelta y cambio. El fenómeno político ha penetrado los terrenos de la literatura y ésta en forma de intrahistoria reflejará las circunstancias de una época. Ciertamente, Venezuela emerge de un pasado de recurrentes dictaduras y regímenes de fuerza. El país atraviesa para el momento(1960-1970) levantamientos armados de militares, estudiantes y congresantes contra el gobierno de Rómulo Betancourt. La presencia de un discurso lírico con fines políticos e ideológicos, pudiera hacernos creer que la poesía como género se ha transparentado, es decir, su mensaje se ha vuelto demasiado obvio y su propósito está claramente definido. Pero como afirmáramos con anterioridad, la literatura y en especial la poesía no responde a constantes o a la invariabilidad.

Además, algunos cambios que han caracterizado a la lírica de nuestro país sufren drásticas transformaciones, como el paisaje que deja ser bucólico o adecuadamente rural, para ser abruptamente suplantado por ingredientes urbanos. Esta alteración no es un mero capricho estético, sino el reflejo del paso de una economía productora agrícola a una economía productora petrolera. La ciudad, cuestionada desde los tiempos de Virgilio, es ahora mostrada en caóticas imágenes, constituyéndose en tema principal de la época.

Para 1958, la nación acaba de salir de un régimen dictatorial y en el momento se respiran muchas expectativas e incertidumbres en el terreno político. Los años siguientes, hasta 1962, estarán marcados por violentas insurrecciones armadas: la del General Castro León en San Cristóbal, durante 1960 (rebelión militar de derecha); y las intentonas de 1962, el Carupanazo y el Porteñazo, llevadas a cabo por militares y guerrilleros de izquierda. Es un período en el que el principal modelo y motivo de imitación es la revolución cubana. Algunos líderes políticos pasan a la clandestinidad, mientras los jóvenes son captados para la lucha en las guerrillas rurales y urbanas.

Terminada la década de los sesenta, la derrota de quienes pretendieron cambiar el sistema por uno de corte socialista a través de las armas es un hecho. Las ametralladoras se transforman en libros y las balas en poemas. En los inicios de los años setenta del siglo XX, el movimiento insurreccional ha disminuido al ser lanzada la política de pacificación por el gobierno de Rafael Caldera. Después de esto vendrían los años del rimbombante boom petrolero.

Hemos seleccionado a Víctor Valera Mora por ser un escritor representativo de esta etapa ya mencionada, comprendida entre los años sesenta y setenta del siglo XX, época violenta y convulsa. Su temática es fundamentalmente social y política, en otras palabras su obra es de compromiso, aunque ésta no será la única que abordará el poeta trujillano.

Es menester, por lo tanto acercarnos a una definición de literatura de compromiso. De Torre (1965:726) afirma sobre esta clase de literatura:
La mejor definición de la literatura comprometida, en suma, a mi parecer, estaría dada por aquellas obras donde el escritor es fiel a su época sometiéndola a un proceso crítico- y donde tiende asimismo a traducir su afán absoluto, sin engañar su lucidez relativista. Lo demás, aquello que suele adscribirse, erróneamente como fundamental, a la literatura comprometida, la intención moral o política, inclusive cierto espíritu de comunión humanista, es ya secundario.

En efecto, si en la literatura, los fines externos dominan a la verdadera esencia de ésta, sólo estaremos en presencia de un panfleto que ha usado las formas del discurso literario para ser difundido.

El escritor, o en este caso el poeta, viene a ser el fotógrafo que capta las imágenes de la vida que pudieran parecer intrascendentes, pero que conforman la intrahistoria, las que en algún momento de la posteridad serán las que cuenten la verdadera historia de un modo muy particular.

Valera Mora, plasma un discurso con tintes de verbosidad, en el que salta de un tema a otro. Con este recurso intenta acercarse al llamado fluir de la conciencia y a la enumeración caótica, ambos elementos usados por el surrealismo y en forma posterior por Vicente Gerbasi en su poemario Mi padre el inmigrante. Las imágenes presentadas por Valera no tienen un predominio de construcciones estéticas, sino que más bien son extracciones del discurso del hombre cotidiano pleno de irreverencia y sentimientos viscerales.

Es necesario hacer un breve paréntesis sobre Valera Mora, en tanto que nos acercamos a la poesía de tema político o de carácter militante en Hispanoamérica. Sobre esto se han registrado antecedentes bien precisos en poetas como César Vallejo, Pablo de Rokha y Pablo Neruda, por sólo hacer mención a unos pocos. La militancia dentro de las ideas marxistas no fue óbice para que Vallejo fuera considerado un poeta de corte social o político, porque además de esto, él se convirtió en un innovador de la poesía y sus creaciones literarias poseen grandes méritos estéticos. Neruda, por su parte, no sólo le cantó a las ideas políticas que profesaba o al amor, sino que también hizo innovaciones a la poesía y su obra presentó muestras de vanguardia. Ambos, Vallejo y Neruda, fueron tocados por un acontecimiento histórico que pasó a formar parte de sus vidas y por ende de sus respectivas obras, la guerra civil española ocurrida entre 1936 y 1939.

Pablo de Rokha(1894-1968), es un caso singular que presenta matices sociales y políticos, su obra muestra "verbosidad" en los poemas. Contiene otros ingredientes como el humor cáustico y el uso agresivo de la palabra.

Estos han sido algunos de los antecedentes de la poesía de carácter social y político en Hispanoamérica. La obra de estos tres autores no puede ser catalogada en su conjunto o totalidad como de matiz social y político.

El caso de Víctor Valera Mora en Venezuela es bien particular. El desarrollo de su obra va desde 1958 hasta el momento de muerte en 1984, período interesante en la vida de nuestro país, pues en este lapso se dieron cambios significativos en el orden político y económico. Para 1958, la nación acaba de salir de un régimen dictatorial y en el momento se respiran muchas expectativas e incertidumbres en el terreno político. El poeta trujillano que, naciera en la ciudad de Valera en 1935, vive como uno de los participantes del movimiento que se opone al gobierno de Rómulo Betancourt.

Desde ese momento comenzará su obra poética. Su primer poemario es La canción del soldado justo (1961). A comienzos de los setenta aparece publicado Amanecí de bala (1971), luego vendrían Con un pie en el estribo(1972), 70 poemas stalinistas(1979) y Del ridículo arte de componer poesía(1994), publicación póstuma que recoge la producción poética de Valera Mora entre 1979 y 1984.

El discurso en La canción del soldado justo es de corte político y social, con una carga agresiva propia del momento que se vive, un momento en que los jóvenes están cargados de sueños y en el que la esperanza revolucionaria está viva. En el poema que da nombre al primer libro de Valera Mora (2002:14) hallamos:
A los montes me voy, me voy completo
Y espero regresar de igual manera.

Si me cortan las piernas y las manos
Asiré el caminar con los anhelos(...)
Me voy a despeñar sobre los crueles
que han hecho de la patria un agujero
y si no asiste al pecho la camisa
y me matan de muerte sin lucero,
esperadme, os lo pido caminando,
que yo regresaré como los pueblos
cantando y más cantando y más cantando.



Amanecí de bala (1971) irrumpe como un poemario cargado de ilimitada verbosidad, humor, cotidianidad, erotismo, volubilidad y bohemia. Es el reflejo de la época postguerrilla en Venezuela. El sistema ha absorbido a los últimos revolucionarios. Valera Mora se refugia en la bohemia, eso sí, sin abandonar el matiz político que lo ha caracterizado. El tono es definitivamente vanguardista -o mejor- neovanguardista. Hay aproximaciones hacia el fluir de la conciencia, lo que implica la violación de las normas de la sintaxis y la incoherencia. En Valera se queda en intento, porque su trasfondo político y social permanece en ese discurso caótico en apariencia. De Valera Mora(2002:20) extraemos:
Masseratti 3 litros.
(...) hacen falta barras de dirección y puntas de ejes
alto octanaje y ácido de batería
yo le decía a Cecilia que ningún mundo de agua
era obstáculo para esas largas y bellas piernas suyas
hacen falta tuercas y tornillos rosca fina (...)
al frío con los académicos comedores de ortigas
ahora es que va dar guerra el Che
necesitamos vestirnos de monte
insurgentes o muertos sin memorias
trágame con cerveza amor mío soy una ostra
sangre de mi sangre (...)

Amanecí de bala
Amanecí de bala
amanecí bien magníficamente bien todo arisco
hoy no cambio un segundo de mi vida por una bandera roja
mi vida toda la cambiaría por la cabellera de esa mujer
alta y rubia cuando vaya a la Facultad de Farmacia se lo diré
seguro que se lo diré asunto mío amanecer así(...) p.43


El poema en la obra del poeta trujillano se aproxima a lo conversacional, a la interminable perorata. El desenfado y quizás la locuacidad le dan la frescura y humor que han caracterizado a este poemario. El elemento amoroso y hasta erótico hace presencia en esta obra de Valera Mora Amanecí de bala marcó un hito dentro de la poesía venezolana de los años setenta, el mismo autor en obras posteriores nunca alcanzó los ribetes de este libro.

Cabe acotar que como revolucionario pertinaz, Valera Mora nunca hizo el intento de deslastrase del tema político y social. El ingrediente urbano tan característico en la poesía comprendida entre los sesenta y los ochenta, tampoco abandona el discurso del autor de Amanecí de bala. Es así como en otro de sus libros, 70 poemas stalinistas persisten elementos característicos de la obra del poeta trujillano, como el discurso agresivo y comprometido. De esta etapa Valera(2002:81) muestra:
Tumultos de estos tiempos
Antes manifestábamos decentemente
Gritábamos consignas
Y decíamos las calles son del pueblo
¿En qué tiempo no han sido de la policía?
Ni con el pétalo de una flor molestábamos
la tranquilidad de los cerdos de Fedecámaras
Los manifestantes del 71
no sólo gritan contra el imperialismo
sino también contra sus lacayos
No exigen un equis número de calles
exigen el poder
exigen la vida y la tierra toda
y sus implicaciones objetivas.

El gran valor de la obra de Víctor Valera Mora es que ha reflejado en su verbosidad, en su discurso desmesurado e irreverente la intrahistoria de una época de nuestro país. No puede tildarse la obra de este poeta trujillano de panfleto o de discurso político y social, porque al pesar en la balanza del tiempo hemos encontrado elementos definidores de una propuesta estética de modernidad como su aproximación al discurso caótico, su aproximación hacia el fluir de la conciencia, el humor, la anulación de la sintaxis y el elemento más original de su obra: la presencia de lo cotidiano, sumado todo esto nos da resultado la ruptura de la retórica de la solemnidad que durante tanto tiempo apergaminó y le dio un matiz afectado a la poesía venezolana.

Bibliografía.

DEL RE, Ana María y otros (Compiladores) Poesía Hispanoamericana Moderna. Antología. Caracas, Equinoccio, 1982.

DE TORRE, Guillermo. Historia de las Literaturas de Vanguardia. Madrid, Guadarrama, 1965.

LASARTE, Javier. 40 poetas se balancean. Poesía venezolana (1967-1990) Antología. Caracas, Fundarte, 1994.

VALERA MORA, Víctor. Antología poética. Prólogo y selección Gonzalo Ramírez Quintero. Fondo Editorial Arturo Cardozo, 2002.


El Autor:

P.J. Pisanu. Tovar. Edo. Mérida Venezuela. 1962. Licenciado en Letras por la Universidad de Los Andes. Narrador. Ha publicado algunos cuentos en antologías del Táchira. Ha ganado en los siguientes concursos: Circuito de Literatura 1992, Mención Cuento con: El Premio; Circuito de Literatura 1993, Mención Dramaturgia con la obra Al Borde del Río (ambos premios fueron otorgados por la Dirección de Cultura y Bellas Artes del Estado Táchira).

(pjpisanu@hotmail.com)

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