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Dos cuentos

ADAZA

Un inmenso caballo blanco persigue a Adaza. De pronto se siente amordazada por un desconocido. El la toma rodeándole el cuerpo son sus largas manos. El caballo se acerca, majestuosamente. Los brazos del hombre se aprietan aún más, con premura, como un oso o como un salvaje. Ahora el animal está frente a ella. Ve en su mirada un dejo de malicia parecido al de los humanos. Inmediatamente el gesto del caballo empieza a transformarse. Ella no se equivoca, lo advierte y cierra los ojos. Al abrirlos, con la mirada un tanto nebulosa, percibe la imagen del nuevo rostro. Con asombro se lleva las manos a la cara, está libre pero aterrada, es su padre. La escena se da en campo abierto, bajo los árboles de mayo, con un relieve de aire aceitunado y abundante vegetación. El padre la desnuda mientras el otro la sostiene con fuerza. Ella se ha quedado petrificada ante la actitud de su progenitor. Nunca imaginó, ni siquiera en sueños, que algún día el padre le hiciera tanto daño.

Medita un instante. El miedo le devuelve con perfecta lucidez la fotocromía del enigma. Es un hecho creado por los símbolos de la razón, ilustraciones fotogénicas de la conciencia - reflexiona mientras se sirve un Martini. La silueta del padre emerge nuevamente. Recuerda las palabras, las últimas palabras del viejo, incluso recuerda las cosas que le dijera en los tiempos de la infancia. Recuerda con estupor las normas, la disciplina, los ruegos, también llega a su memoria la figura de mamá Dora, y con ella la obra de la fecundidad, de la existencia del feto en el vientre de la madre, decía él. La imposibilidad de aceptarla así, con el dolor al romper el himen o lo del aborto, el vía crucis al parir, los problemas de la menstruación, de la masturbación y del pecado original. El instinto de mujer la guía entre las sombras. Es anticristiano siquiera mencionarlo no, hija mía, tu no. Entonces recordó una vieja obra de teatro representada por Adolfo, su novio, en memoria del padre Rvdo. Williams, miembro activo de una comunidad religiosa. El siempre estaba ahí, con el bastón negro, la boina de fieltro, la colonia de pino y los dedos untados de ácido bórico. A veces él hablaba desde la foto y ella le observaba con resignación. En ocasiones le veía parado frente al cuadro tintarosa del pasillo, inmerso en la textura, él está en todas partes como Dios, él es omnisciente, omnipresente y ahora él está en la cama en lugar de Adolfo. Bebe el vino de la consagración en la fría soledad del templo. Adolfo salta el muro bajo la luminosidad de la luna. Adaza habría adivinado la escena: su padre visto de mil formas en el sueño, pero nunca a través en un caballo. merece analizarse dice al terminar el Martini. El texto es solo una simulación en la comedia y la comedia se repite en la transfiguración del espíritu y el espíritu se entrega y él lo recibe con los brazos abiertos y se acuestan en la misma cama, padre e hija, como en los viejos tiempos.

-La desolación del alma, sin la redención, es la marcha hacia lo antiguo, es volverse hacia el tiempo y caer en las garras de Moloh el diablo de la guerra; los sabios cruzan las enormes puertas de los monasterios para descansar en la voluntad divina y tú hija mía estas dedicada a Dios... recuerda frases del Rvdo. Williams.

Adaza abandona el recinto y se sienta afuera, a contemplar la calle y sus alrededores, una aristocracia fingida, el portón de caoba maciza, los jardines con sus flacas enredaderas, el muro de piedra y su fuerte malla a la que tantas veces se acercara para ver la otra vida, la vida pública de la gente común, como dijera el padre.

Al fin puede correr entre las multitudes. Es la mañana y la tarde a la vez. Ha perdido la noción del tiempo. Se acuerda de algunas cosas que le faltan, cosas que nunca podría comprar si existiera el padre. Entra en el primer almacén; quiere ataviarse para Adolfo. Las enumera: ocho en total: un polvo compacto plus o mejor pétalo, un lápiz labial, un encrespador de pestañas, un delineador negro y una pintura color fuscia para las uñas, un rimer para los ojos, una cajita de sombras de cuatro tonos y un juego de medias Panty más un par de pantaletas tipo hilodental. Nunca en su vida se había puesto un bikini, menos esto, apostaría lo que fuera que todas las mujeres lo usan, musitó plácidamente. No podía estar pensando en nada ahora que estaba en juego su libertad, pero, ¿qué era la libertad? Acaso ¿correr por las avenidas, coger el autobús, buscar en la guía el número de teléfono de él, trastabillar en las escaleras mecánicas para encontrarse con Adolfo? Y si ¿no la conocía? Y si por el contrario la recibiera ¿qué le diría? aquí estoy, soy tu próximo cordero, te ofrendo mi carne, como el mejor sacrificio de mi vida, fantasma, hazlo como quieras. En la memoria de mi padre... este es el cáliz. Reflexiona.

Se siente sola e impotente. Pareciera flotar en la habitación. Una sustancia húmeda, viscosa, desciende de entre las piernas. Se mira en el espejo e improvisa gestos de coquetería. Adolfo la observa con detenimiento, callado, fumándose un cigarro. Ella continúa jugando frente al cristal. Ríe, como suelen hacer las mujeres débiles piensa mientras se desnuda. Un brioso alazán blanco galopa en los intersticios de la piel, sube desde el vientre, baja, se adueña del sexo. Adolfo la desea. Adaza, gira en el centro de un sueño pálido, respira hondo, sintiendo la esencia de ese mundo desconocido -¡Qué locura! ¡Absurda parodia! y se contempla en el espejo presa de una sensación indescriptible, dejándose llevar por el vértigo hacia la caída final, certera; los pequeños pezones posan sobre la figura de su padre ahora muerto...






VENTA NOCTURNA



De ciertas caídas uno se levanta sin rostro
se levanta sin máscara
sin equilibrio.

Eduardo Zambrano Colmenares



Al levantarme de la cama inmediatamente abrí la ventana. Encontré la mañana espléndida. Desde este silencio matutino el hilo de mi voz se descuelga a través del teléfono para darle "el buen día" a Marien. Algunas cosas nos dijimos mientras el tiempo se tornó en fuego etéreo. Un poco después salí deprisa a recorrer el día bajo las candilejas del nuevo sol.

- ¿Usted ya utilizó el dispositivo de seguridad contra accidentes? Mire, la tecnología diseña productos... en fin... (que sólo están al alcance de los más portentosos) Me miran sorprendidos y no responden.

Puerelidad absurda: vender. Camino a lo largo de las veredas, por avenidas solitarias, infinitas, a través de callejones en cuyas casas, en sus puertas, la gente canta las canciones de moda, los niños juegan en círculos cantando en forma desentonada, riendo a carcajadas. El reloj ha marcado la hora crucial. Me encuentro preparado para escuchar la trompeta del juicio anunciado. ¡Despertad, oh tierra! Escucho la voz de Juan. Entonces despierto en la ciudad inimaginada. Todo brilla alrededor. Estoy junto a Merli. Esperamos a Marien. Estamos en el edificio Lido. Merli toma el ascensor y yo continuó en el pasillo, dando vueltas como un trompo. Merli ha quedado en encontrarse con D. U. C. Desde EL balcón puede verse la ciudad. Todo es reluciente, incluso los techos allá al fondo de la neblina. No hay una sola basura en alguna parte. Resplandece la cosmogonía universal. La gente parece limpia, recién duchada, el atavío es pulcro. No hay mendigos ni sordomudos, ni ulcerosos, ni cadáveres andantes. Resplandece el mundo inmerso en una visión estereotipada y geodésica llena de luz; la magnificencia del "Logos" se ha hecho realidad, es la grandeza de la ciencia; ha emergido la palabra desde su fosa para transformar al hombre. Ha resucitado Nietzsche, Van Gohg, Jesucristo, Buda y otros. Un gélido ventarrón me roza trayéndome un viejo sueño (¿sucedió? En verdad no lo sé) Estupendo, el reloj de la catedral señala una hora más en el almanaque acuariano. Por un momento creo encontrarme en la metrópoli del futuro pero no, Marien ha regresado y ahora puedo sentir sus labios en los míos. Acaricio su cintura y un poco arriba. Luce hermosa. Entonces la imagino en su habitación. Al llamarla por teléfono podía hacerme una idea de la escena. Como no conocía su apartamento, dijo, el del padre y tampoco conocía su familia o algo más de ella, tenía que usar la imaginación. Por ciertas referencias suyas venía a mi mente una imagen del recinto, al que, al tratar de describir lo relacionaba con un cuarto de niño: suponía una cama grande, desordenada, con una pila de chécheres y libros sobre ella, los cassettes regados en el piso o por la alfombra, porque siempre me hablaba de una alfombra albaricoque, y allí al centro el viejo Sony que servía como pared de trepar para la pequeña rata blanca. Al espaldar: la ventana siempre abierta. Cuando la llamaba creía verla salir del baño, secarse las manos y después lanzarse sobre la cama, en el momento cuando sonaba el teléfono y contestaba. Seguro estará de pie, descalza, desnuda o envuelta en una toalla. Muchas veces imaginaba la escena, la misma, sin embargo esta representación se transformaba en un sueño: yo, de pie, llamándola desde cualquier cabina pública, ella, ahí, también de pie, dispersándose en las palabras, en la magia del hilo telefónico con el susurro de su voz, de una voz jovial pero lejana, muy lejana, mas bien entonada y acariciante.


- ¿Has venido algo? Pregunta
- No.
- ¿Está floja la venta? En cambio yo tengo que hacer algo esta noche que
nos traerá un buen resultado, dice.
- Okey, sí, y la escucho impávido.
- ¿Usted no puede darle una apuradita? Grita alguien como si estuviera
en el patio de su casa.
- La cola está larga y la gente está afanada, nos vemos más tarde, okey.
- Okey.

Merli se había esfumado y Marien se disponía a llevar el encargo. Habíamos planificado una buena noche en la discoteca pero a causa de la falta de dinero tendríamos que posponerla para otro día, en cambio, haríamos lo de siempre: caminar por la Quinta o la Séptima o reunirnos en la Boheme y escuchar a Juan hasta la media noche, no obstante ella tenía la solución, dijo con aire irónico abriendo los ojos más de lo normal. Tomamos el ascensor y bajamos a toda prisa, silenciosos, relegados en un estado de ansiedad susceptible. Escogimos una mesa al final donde supuestamente haríamos la velada, probablemente con Juan. Ella habló con un tipo raro, de bigote extravagante, podría decirse que su cara era un solo bigote, apenas se le veían los ojos y por supuesto la frente, lucía bien vestido, elegante, como si iba hacía una fiesta. En lo sucesivo no supe cómo Marien recibió el paquete, lo importante era que contábamos con el dinero o la oportunidad de obtenerlo. Teníamos que trasladarnos a la Monumental, me dijo con aire satisfecho.

El viaje se hizo largo. La gente se acercaba demasiado rozándonos con sus axilas sudorosas. El autobús parecía detenido y el ruido de bocinas y motores me exasperaban. Esa noche se celebraba un encuentro entre el "Americano de Cali" y el "nacional de Medellín". El entusiasmo que reinaba en la plaza era admirable. Ella me dijo que la esperara en el estacionamiento de la avenida principal. Desde allí la vi partir, perderse en la muchedumbre, esfumarse, pasado un tiempo más o menos prudente, empecé a preocuparme. Creía reconocerla en alguna mujer de la multitud, mas, al hacerle señas tenía que disculparme. Decidí llegarme hasta el sitio señalado: la alcantarilla. Recordé la alcantarilla diagonal a la tercera puerta de la plaza donde estrangularon una dama después de violarla. Marien hablaba con un tipo blanco, sin bigote y de aspecto afeminado. Vi cuando recibió el dinero. Vi cuando la besó en los labios. Vi cómo la acarició en la cintura y poco arriba. Los vi reír, abrazarse, apretujarse ardientemente y despedirse. Regresé al sitio que esperaba y allá nos encontraremos como si nada. Marien reía, se burlaba de un vendedor de algodones dulces, de un colombiano que comentaba un buen pase en el partido. Los vendedores se apiñaban como buitres sobre la presa. Golosinas por todos lados, perros calientes... chuzos de gatos o de la rata blanca, dije echándome una solemne carcajada.


- Venden de todo, hasta el alma, hasta la vida,
- Por dinero se venden hasta la madre, agregó ella.
- Vendemos, dije.

La noche estaba empañada de neblina. Aturdidos en un abismo de gritos, caminábamos abriéndonos paso. Recordé las palabras de Juan: "logos" "nirvana" "método supremo" "magnetismo"; la unidad del pensamiento por medio del dolor y del arrepentimiento, nos decía ya en el restaurante.


Escuchábamos a Juan inmersos en una conversación interminable, rodeados de espectros camaradas: comunistas, poetas, místicos pintores, teatreros, fotógrafos, filósofos, que de vez en cuando se metían un pito de marihuana, incluso entre ellos estaba un maniático que frecuentaba los parques para observar parejas de enamorados y masturbándose.

Después nos fuimos para la discoteca y allí Marien bailaba haciendo piruetas con libertad en la frescura de sus diecisiete años, poniendo en movimiento su cuerpo con fluidez.


Juan nos explicaba: - veo claro e irrebatible los efectos del hombre, es decir, las cosas que hace para encontrar su verdadero signo. Paraba un segundo, luego se apuraba un trago y continuaba:

- Uno al bailar o tomar desborda un caudal de... es la forma de verter algún karma. Es el espíritu quien puede obrar todo los actos de la vida, universales y parciales, esto ya se dijo hace 57 siglos en el sánscrito, y Shet escribió: en él estaba la vida y la vida es la luz de los hombres, verdad aún no comprendidas por los...
- Como la ciudad que viste en el sueño, Ma, dice Marien.

- La luz de la vida es diáfana, agrega Juan mirando al fondo de la discoteca. no como esa fosa oscura donde ustedes se entregan al placer (suprimió el "vosotros" cosa rara), a fumar marihuana y a quien sabe que tantas porquerías de esas.

- Me apuro un trago.

- Marien vuelve a la pista y ahora baila con un jovencito. En eso aparece Merli. Rodeamos a Juan y empezamos a aplaudirlo. El sigue sermoneándonos. El ruido de la música y las palmas no nos dejan entenderle aunque es lo menos que queremos. Juan llora, llora como un niño. Gime. Siento compasión por él y para disimularlo le pregunto a Merli por D. U. C. Me dice que está con el maracucho.

- ¡Pobre cabrón, enamorado solo! Exclamo para variar. Juan se estará preguntando de que hablamos, continuó.



Juan se había doblado en la silla, totalmente ebrio. Entonces Merli me pregunta por Marcos. Me cuenta sus penas, una por una, y con una lágrima por cada una. Marien regresa de la pista y me guiña el ojo.

¡No dañen la noche por favor, Marcos está muerto, le vendió el alma al diablo! ¿No lo pueden entender? ¡Marcos se lanzó por el Viaducto! O ¿se les olvidó? Y me toma de las manos llevándome hacia la pista.

Bailamos con erotismo, acercándonos, abrazándonos, besándonos, excitándonos. Los colores chillones de las luces o de la decoración, los perfumes, la música, el arrebato de las personas, todo eso que presume de ser bello me causa una sensación extraña.

-Hace tiempo le digo en el oído- procuraba algo así, es decir, alguien con quien compartir la vida, la algarabía y el momento. Alguien con quien inventar un mundo a mi manera, lejos de la rutina. Odio a Juan, quiero confesártelo. Odio todo. Solo tú vales en medio de la confusión. No me dejes ahora. No importa el tipo de bigote por cara, el tipo de la colita, no importa Juan Carlos y los otros y los que vengan, no importa. Ella ríe, luego me roza con ternura el pecho.

Estaba mareado, derrumbado en un espacio negro, aturdido.

- La ciudad no resplandece, no tiene luz y estoy rodeado de mendigos, de espectros, de cadáveres andantes, de putas, afeminados y lesbianas, estoy solo en una agonía terrenal para entender a Juan, no, estoy escondido en la noche y mi piel reposa como la de un búfalo, como la de un cetáceo en un charco, en un silencio de charcos...

- Estás exagerando... además creas una escena fantástica, con algo de poesía, no te lo puedo negar,

Prorrumpe ella en un tanto extasiada.

- Tengo algo de poeta, le digo.
- Lo sé.

- Decía que estoy solo en una obertura de curvas y cuerdas transparentes, en la que interviene una voz vibrante, sumergida en una niebla, atado a la profundidad, a la sombra, al eco, al reloj acuariano, al sonido de la trompeta: ¡Despertad, oh tierra!

- Estás ebrio. Susurra.
- Pero enamorado, escucha esto: estamos solos en el universo y entre nosotros dos la poesía se toca como piel celeste, y contigo me gusta recoger un racimo, este pámpano, aquella raíz de las tinieblas...

- ¡Eso no es tuyo, no creo! Exclama con un destello admirable en su mirada.
.- No, es de Neruda y es tuyo.
- Gracias, por ser tan sincero.

Merli se había marchado y hasta donde recuerdo, yo bailaba con Marien. Después hubo un murmullo de voces como de abejas. Alguien discutía a grito entero. Ella al percatarse me soltó. Vi que se acercaba el tipo del bigote por cara, con unas personas extrañas que lo seguían. Marien trató de huir pero otros, probablemente del grupo, la cercaron. Forcearon de un lado a otro. Intervine y fui lanzando al extremo de la pista, cerca de las cornetas. Después oí cómo la gritaban a pesar del ruido de la discoteca. Luego no supe más de mí. Un estampido ensordecedor sonó en mis oídos casi en el momento cuando una bruma de pequeñísimas figuras ondearon entre la penumbra, hundiéndose en un vacío infinito.

En medio de la oscuridad abrí la ventana. La mañana estaba radiante. Me dolía la cabeza y aún estaba mareado. Sobre el piso yacía Juan como una cosa fea, deforme, semejaba un fardo de trapos y piel. Como la rata blanca de Marien

MANUEL ROJAS, NARRADOR, ENSAYISTA Y POETA, NACIÓ EN SAN CRISTÓBALESTADO TÁCHIRA EL 25 DE NOVIEMBRE DE 1955. HA PUBLICADO TRE LIBROS: HOJAS DE CENIZA (POESÍA) QUE INCLUYE TODOS LOS PREMIOS OBTENIDOS HASTA 1994, LOS ESPACIOS SOCAVADOS (NARRATIVA) Y CON EL PASO DEL TIEMPO (NARRATIVA CORTA Y PROSA LITERARIA) LIBRO GANADDOR EL PRIMER CONCURSO DE PUBLICACIÓN AUSPICIADO POR LA DIRECCIÓN DE CULTURA Y BELLAS ARTES DE LA GOBERNACIÓN DEL ESTADO TÁCHIRA. HA GANADO SIETE PREMIOS EN POESÍA (entre primeros lugares y menciones especiales) DE LOS GALARDONES RECIBIDOS, COMO PRIMER PREMIO, SE ENCUENTRA EL PRIMER BINACIONAL FRONTERIZO COLOMBO-VENEZOLANO (IUFRONT), CON SU OBRA POÉTICA "HOJAS DE CENIZA", PREMIO ESPECIAL EN EL CONCURSO DE POESIA BIENAL MUNICIPAL DE LITERATURA "CIUDAD DE LA JUVENTUD" DEL ATENEO DE LA VICTORIA ESTADO ARAGUA Y PREMIO DE PUBLICACIÓN 2003, AUSPICIADO POR LA DIRECCIÓN DE CULTURA Y BELLAS ARTES DE LA GOBERNACIÓN DEL ESTADO TÁCHIRA CON SU OBRA "CON EL PASO DEL TIEMPO" (CUENTOS CORTOS) HA SIDO GALARDONADO CON UNA MENCIÓN ESPECIAL EN ENSAYO Y OTRA EN NARRATIVA, EN LOS CONCURSOS AUSPICIADOS POR LA DIRECCIÓN DE CULTURA DE LA GOBERNACIÓN DEL ESTADO TÁCHIRA. TRABAJOS SUYOS APARECEN EN DIFERENTES ANTOLOGÍAS DE LITERATURA TACHIRENSE (ANTOLOGÍAS DE LA BIBLIOTECA DE AUTORES Y TEMAS TACHIRENSE EN POESÍA, NARRATIVA Y ENSAYO, VOLÚMENES No. 118, 113, 117) EN REVISTAS Y PERIÓDICOS DE LA REGIÓN. DIRIGIÓ LA REVISTA "LOGOS", REVISTA ACTUAL DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES, REVISTA NACIONAL DE CULTURA DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA. FUE FUNDADOR JUNTO A OTRAS PERSONALIDADES DEL PERIÓDICO "DIALOGOS" DEL ATENEO DEL TÁCHIRA, EL CUAL COORDINÓ EN SUS PRIMEROS CUATRO EJEMPLARES. HA SIDO JURADO EN VARIAS OCASIONES EN CONCURSOS DE POESÍA Y NARRATIVA POR LA DIRECCIÓN DE CULTURA DEL TÁCHIRA Y JURADO DE MÚSICA EN EL "XV FESTIVAL TÍPICO TACHIRENSE DE LA VOZ DEL TORBES" EN EL MARCO DE LA XXVII FERIA Y FIESTAS DE TÁRIBA. PERTENECIÓ A LA JUNTA DIRECTIVA DE LA BIBLIOTECA DE AUTORES Y TEMAS TACHIRENSES (BATT) Y AL TALLER LITERARIO ZARANDA. ES FUNCIONARIO PÚBLICO ADSCRITO A LA CONTRALORÍA DEL MUNICIPIO SAN CRISTÓBAL, ESTADO TÁCHIRA, VENEZUELA.

pisanello

Gráfico: Pisanello